domingo, 19 de septiembre de 2010

De trasnoche

En la trasnoche
solo se escucha
la música que hacen
nuestros propios
ligeros
livianos
sonidos
en medio de la ciudad silenciosa,
el torpe ritmo de las teclas,
o el lápiz sobre el papel,
o la taza cuando se apoya en la mesita,
o las hojas que se pasan con una caricia,
salvo por alguna sirena
o un perro que ladra a lo lejos,
por supuesto.

Lo más importante
para trasnochar
-para atravesar a nado lo profundo de la noche-
-para transitar por la cornisa oscura del día-
es mantener los ojos bien abiertos
bien abiertos
y no dejarse engañar por penumbras
o por las cosas que se esconden en los rincones
durante la madrugada.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Nieve en el subte

Trayecto Juramento-Catedral. Leí desde la página 103 a la 126 de La última noche en Twisted River, de John Irving. Nunca hasta ahora había sentido tanta tensión. Si me preguntan, yo creo que no estuve en el subte, que estuve en esa noche, en medio de la nieve, con sabor a sangre en la boca y atenta a los pasos de Dominic, al miedo de Danny, al ruido del viento que hace golpear la puerta de la entrada de la cocina...

lunes, 30 de agosto de 2010

Speaking in tongues

Le cuento algo a mi abuela, creo que de la facultad, no importa. Le hablo en voz alta y modulo lento. Tranquila. Mi abuela me contesta. Mi tío se mete:
—Con razón a vos te escucha, si le gritás.
—No le grito, le hablo para que me entienda. El problema es que vos no te querés hacer entender —digo, aplicando un concepto básico de pnl sin darme cuenta.
Mi abuela sonríe. Es posible que no haya entendido todo esto, o sí. Pero me sigue hablando de la facultad. Hasta que de pronto cambia de tema y dice:
—Él me habla todo bajito, apretado y medio en inglés, ¿cómo quiere que le entienda?
Nos reímos.
—¿En inglés? —pregunto. Ni mi tío ni mi abuela hablan inglés. Aunque sí cada vez más entre ellos hablan en gallego, que mi abuela rememora y mi tío estudió de grande.
Mi abuela contesta:
—Es que habla mal inglés... ¡si por lo menos lo hablara bien!
Y se tienta de risa.

viernes, 13 de agosto de 2010

Atención

Mi tío despotrica con que mi abuela se pierde un poco, que no escucha, que se olvida las cosas... Mientras tanto, mi abuela me prepara las tostadas con queso y mi dulce favorito: de tomate, hecho por ella.
Mi tío sigue despotricando y mi abuela no lo escucha, o hace como que no lo escucha, y hace un gesto con el brazo que bien puede ser "qué sabrás vos" o "por qué hay moscas dentro de casa".
Me como mis tostadas, me tomo mi té con leche.
Entonces mi abuela dice:
—Te traigo el pan dulce.
Esto no es una confusión. A mi abuela le encanta el pan dulce. Y entonces tiene provisión todo el año, porque siempre le llevamos, o alguien le regala, o se guarda en el freezer de la "temporada oficial de pan dulce".
—Abue, no quiero pan dulce, gracias. Ya me comí las tostadas.
—Vos me dijiste que querías.
Con mi tío nos miramos, yo por primera vez ligeramente preocupada y pensando que quizás mi tío no es tan exagerado esta vuelta.
—Yo no dije que quería pan dulce. Me comí mis tostadas.
Mi abuela sonríe.
—Sí. Vos me dijiste. ¿No me dijiste que no me lo comiera todo, que te guardara para el jueves? Yo te guardé.
Es jueves. El martes y el miércoles no había ido a desayunar. El lunes sí. El lunes mi abuela, mientras yo comía las tostadas, abrió un pan dulce y empezó a comer, y comió un montón. Es cierto que yo al salir le dije que no se lo terminara y me guardara para el jueves, que volvía.
Entonces mi tío despotrica con más énfasis:
—¿Ves? A vos sí te escucha cualquier pavada que decís. Es conmigo el problema entonces. Mirá cómo se acuerda de eso...
Y así, hasta que me voy al rato. Con un pedacito de pan dulce para el camino, porque, claro, no se le puede decir que no a la abuela. Cuando tiene razón, tiene razón.

martes, 8 de junio de 2010

Festejo (o no deje para mañana lo que puede divertirse hoy)

En febrero, antes de que me fuera para un congreso de literatura infantil en Santiago mi abuela me dijo al saludarme: "Divertite mientras puedas".
Entonces pensé que era un consejo extraño. Pero luego, el congreso terminó en terremoto, el terremoto en la incertidumbre de cómo volver a casa, la alegría de estar bien, la desesperación de pensar que muchos otros estaban muy mal o ya no estaban, el desconcierto de la tierra firme que deja de serlo, en sentido real y metafórico... y las palabras de mi abuela cobraron sentido: "Divertite mientras puedas".
No necesité mucha más explicación, enseguida entendí que el "mientras puedas" dependía de mí también, de cómo encarar las cosas, de como pasarlo mientras tanto.
Y resulta -encima- que en esta vida "mientras tanto" es "siempre".
Hoy mi abue cumple 96. Y si hay alguien que sabe divertirse es ella.
Para variar, tiene razón. 

martes, 11 de mayo de 2010

Nunca es tarde

En el último tiempo a mi abuela (a un mes de cumplir 96) se le dio por leer novelas. Hoy me aclaró:
—Nunca antes había leído libros. Es que yo creía que los libros eran otra cosa.

lunes, 19 de abril de 2010

El vaso tiene agua, que ya es bastante

Mi tío planchó por segunda vez en su vida. "Y solo las cosas cuadradas", me aclaró.
Pero al cerrar la tabla de planchar, se agarró un dedo de alguna extraña manera que en menos de media hora se le convirtió en una salchicha primero, luego directamente en morcilla.
Cuando llegué tenía por dedo una cosa morada e inflamada que daba impresión.
Se lo miraba fijo y se quejaba:
—Ya no lo siento.
Y mi abuela, con su optimismo irrefutable le contestó muy seria:
—Por lo menos sabés que lo tenés.
Y después, por supuesto, todos nos tentamos de risa.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Tentempié

Estoy por irme de viaje y le pido a mi abuela que pase por casa a darle de comer a los peces.
—¿Qué peces?
—Abue, te conté que ahora tengo una pecera...
—...
—La puse en la pieza, está al lado de la tele...
—...
Se mete mi tío, la abuela empieza a sonreír:
—¡Quiere saber qué peces son a ver si se los puede comer!
—¡Claro! ¿Para qué los querés en una pecera? ¡Son tan ricos! —dice ya en medio de la carcajada.

La niña que hay en vos

Mi tío y mi abuela están discutiendo por algo que ya no me acuerdo.
—¡Como los chicos! —dice mi tío.
—Claro —contesta muy segura mi abuela—, que para algo me achiqué todo lo que me achiqué. Ahora puedo hacer como los chicos.

domingo, 24 de enero de 2010

Gusanos

Cuando voy a desayunar, muchas veces mi abuela me da una fruta para que coma en la oficina durante el día. Ella sabe bien mis preferencias, y no me da un kiwi si está duro, no me da mandarinas si están un poco zonzas, y así.
El otro día me recomendó un durazno que olía especialmente bien. Cuando la saludo, le digo:
—A la noche te traigo el gusanito de vuelta.
Mi tío salta:
—Hace un montón que no se ven bichos en la fruta con lo que la fumigan...
Y yo les cuento que hace poco encontré un gusano en un durazno, y se lo veía muy saludable. Dicen, además, que los bichos saben elegir la fruta más rica, así que no solo porque está libre de pesticidas si no porque tiene garantía de calidad, parece que no es malo encontrarse un animalejo de estos. Como si no fuera poco argumento, mi abuela aclara:
—Además, el gusano come solo durazno, si te lo comés no pasa nada, es de durazno también.
Hago un poco de cara de asquito ya desde la puerta y le retruco:
—Lo voy a pinchar en un palito y lo voy a bañar en chocolate, entonces.
Pero ella siempre tiene la última palabra (y con cara de gusto y todo):
—¡Qué buena idea eso!

Mañana de domingo de verano

El domingo por la mañana hay un silencio particular en el barrio. Y qué gusto da tener las ventanas abiertas de par en par y sentir el olor del aire todavía fresco. Vale levantarse descalzo y preparar el mate, para volver a la cama con mate y libro.
No puede ser cualquier libro el que se lea el domingo a la mañana. Tiene que ser uno sorpendente, ingenioso, de esos que hay que dejar a la fuerza porque es imprescindible ir al baño, nada más.
Si se es precavido, habrá bizcochitos de la panadería, comprados con placer anticipado por este momento.

Pero lo mejor de estos domingos es que son lo más parecido a los días de vacaciones en casa de la infancia. El olor a verano que había entonces. Las chicharras que sonaban sin parar en el jardín y la carrera a la pileta una vez que nos levantábamos. El sol de la infancia (que no quemaba tanto como ahora), el pasto recién cortado -es el mejor olor de todos- y más verde que nunca, el agua fresquísima pero que no daba frío.

Y otros pequeños placeres de la vida

Uno de los pocos libros que mi madre leyó de prestado (de la biblioteca de mi primo) y después quiso tener para su biblioteca es El primer trago de cerveza y otros pequeños placeres de la vida, de Philippe Delerm. Se lo conseguí, lo leí y se lo di. Aunque tiempo después lo saqué de su biblioteca y ahora está en la mía (de visitante, madre, prometo devolverlo pronto).
Es de esos libros deliciosos que se pueden leer en partes, en cualquier lado y en cualquier momento. Los textos breves que lo componen te dan alegría, sin nada de vueltas, por las cosas cotidianas y los detalles. Es en sí mismo uno de los pequeños placeres de la vida: el de esos libros precisos e inspiradores.

Todo esto para recomendar el libro, por supuesto, y también como pequeña justificación a la nueva sección que inauguramos hoy. ;-)

viernes, 22 de enero de 2010

Con cariño

Mi tío está yendo a un taller de pintura y cada vez que voy me muestra el avance con sus obras.
El otro día, me estaba por ir, agarraba mis cosas y mi tío sale para el living a buscar su última pintura para mostrarme. Mi abuela, desde la cocina, que entiende a qué viene el "esperá que te muestro" de mi tío me dice bajito:
—Decile que está lindo.

Deseos

Mi tío me está contando que está desganada, que el médico le hace cara de "qué quiere que le diga, yo la encuentro bien", y que le dio un nuevo remedio que según él (mi tío) es el que toman los millonarios para sentirse jóvenes y que desde que lo empezó a tomar tiene mejor la memoria y está un poco más animada. Mi abuela, mientras mi tío me cuenta, hace cara de nada.
Mi tío también dice en voz alta que ya le compró las papas fritas que ella quería, pero que le había pedido algo más que ninguno de los dos se acuerda.
Mi abuela argumenta:
—Bueno, tenía ganas de comer papas fritas, ¿y qué?
Pirucha (80 años, sobrina de mi abuela que viene cada tanto a quedarse unos días con ellos) aclara:
—Unos zapatos le ibas a comprar ayer. ¿Para qué querés comprar más zapatos? ¿Qué quiere, tía, irse a bailar?
Todos nos reimos. Mi tío dice:
—Es que se queja de todos los zapatos que tiene. Y me pide papas fritas, como los chicos.
—Traele un chupetín —acota Piru.
Risas de mi abuela especialmente, y agrega:
—Vamos a bailar, ¿por qué no?
Muchas risas. Piru pregunta:
—¿Un novio quiere conseguirse?
Y mi abuela contesta, de pronto muy seria:
—No te digo que no lo pensé.
 

domingo, 20 de diciembre de 2009

Para extraer un sueño

Para extraer un sueño de la niebla
del olvido
es necesario responder
el siguiente cuestionario:
¿Se trata de un sueño con sol?
¿Es un sueño de suspenso?
¿En el sueño hay conocidos
o gente que nunca antes vio?
¿Hay alguien querido
pero con otra cara?
¿Arriba es arriba y abajo es abajo?
¿Es un sueño en colores
o en blanco y negro?
¿Hay palabras en el sueño?
¿Hay sonidos? ¿Hay formas?
¿Es un sueño tan profundo que no tiene fin?
¿O tan extenso como un desierto interminable?
¿En el sueño hay agua o hay sed?
¿Recorre el cielo volando o apenas
si puede mover las piernas para dar un paso?
¿Hay gritos, hay música, hay miradas?
¿Aparece algún animal?
¿Las arañas son amigables o detestables en el sueño?
¿Las paredes —si hay paredes— están enteras
o con huecos descascarados
o con muchas ventanas?
¿Los árboles tienen flores, tienen hojas, tienen ramas?
Una vez contestado,
depositar el cuestionario en ventanilla dos,
y esperar a que lo llamen por su apellido.
 

viernes, 20 de noviembre de 2009

Sal

Me encontré ayer con mi abuela y mi tío que venían caminando de ver al médico de mi abuela.
—¿Cómo les fue?
—Bien... mal —se corrigió enseguida mi abuela.
—¿Por qué?
—Le sacaron la sal. El médico dice ahora que los pies hinchados son por la sal —me explica mi tío y sigue—: así que nada de pan con sal...
(Mi abuela come pan en cantidades delirantes, le encanta, otro día hablaré de esto.)
—¿Para tanto?
—No, bueno, para tanto no —aclara mi tío, que se pone fastidioso cuando no lo dejo exagerar todo lo que le gusta.
Y mi abuela retoma:
—Es que ¿sabés? —me agarra de un brazo, y me dice como en un secreto—: No me importa que me saquen toda la sal de todos lados, pero el jamón crudo... ¡Que me dejen el jamón crudo! Eso me tiene mal.

lunes, 19 de octubre de 2009

El acento de la abuela

Mi abuela y mi tío salen al pasillo del edificio, a ver si desde ahí, desde un ventanuco, pueden ver el nido de palomas que se instaló sobre la salida del calefón. Están preocupados por que les bloquee algo, y no saben cómo espantarlas.
—Hay como quince pájaros —dice mi tío.
—Es que pusieron un nido y ya nacieron todos, deben ser como quince —aclara mi abuela.
—Estos pájaros de miércoles —masculla mi tío.
—No son pájaros —dice la abuela.
—No, ya sé, torcazas.
—No, son pajaros.
Así, con acentuación grave lo dice. Y se entra a reír.

***
Esto viene de una conversación anterior, hace unos meses:
—Ayer se acabó el dulce de frutillas, hoy abrimos este de arandanos —dice mi abue, con acentuación grave también.
—Arándanos —corrige mi tío, recalcando la "esdrujilidad" de la palabra.
—¿Y yo que dije?
—Arandános.
—Es que así son más ricos.
Y sigue preparando las tostadas, como si nada.

sábado, 10 de octubre de 2009

Paisaje de agua

Nadar por el fondo de una enorme, gigantesca pileta de/en sueños.
Nadar con mucha calma.
Ver lo que hay en lo profundo.
Pasear por debajo del agua.
No como si uno no tuviera que salir a respirar,
si no como si uno tuviera los pulmones limpios y entrenados de un joven y puede volver a la superficie
sin apuro
cuando necesita aire.

¿Y qué hay en el fondo de esa pileta de/en sueño?
Restos de otros sueños.