miércoles, 16 de noviembre de 2016

...

Me gusta esta manera
planetaria
de querernos.
Es una órbita lenta y firme
en una dirección.
Entre un beso y el otro
hay galaxias,
civilizaciones que nacen y mueren,
millones de años luz.
Y no.
No hay apuro.
Nada de esos amores fugaces
que, como un fósforo,
se extinguen en un parpadeo.
Acá hablamos de cuerpos
incandescentes
flotando en el espacio.
Hola, Halley, otra vez por acá.
Tantos años.
Qué gusto verte.
Y hasta pronto.
Este modo es tal vez el único posible
para no romper el universo.
O porque el universo somos nosotros
y todo lo que orbita
entre un beso
y otro
nos sostiene.

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