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miércoles, 7 de octubre de 2015

Hay dos en la pileta que son amantes

Hay dos en la pileta que son amantes.
La semana pasada los noté, y pensé que él era entrenador y ella nadadora, pero hoy me doy cuenta de que son amantes.La semana pasada ella me pareció bastante más joven que él, pero hoy creo que no se deben llevar tanto. Que él parece mayor, pero que ella no es tan joven tampoco.Tal vez ellos no saben todavía que son amantes, pero lo son.La semana pasada me molestaba un poco su presencia, me resultaba incómodo que se quedaran en la punta del andarivel, charlando, sin salir a nadar, ocupando el lugar poco profundo del carril señalado como rápido.La pileta está dividida en andariveles rápidos, lentos y recreativos. En el recreativo no hubieran llamado la atención, es donde la gente se queda flotando a su suerte, o estirando, o conversando, o meditando, o probando algún ejercicio.Pero en el andarivel rápido solo andan los que entrenan, los que no se detienen al llegar a un lado a recuperar el aire y la fuerza para seguir. Yo uso el lento, claro, pero cada vez que llegaba a la parte baja los veía ahí, en el andarivel de al lado, charlando en el agua, como quien está en la orilla del mar, refrescándose, y conversando como el si el resto del mundo no existiera. Por eso me doy cuenta ahora, retroactivamente, de que son amantes.La semana pasada pensé que hablaban de temas de natación. Les asigné mentalmente el rol de entrenador y nadadora y consideré que ya debían haber tenido su sesión de entrenamiento y que ahora se extendían un poco en una charla por alguna cosa particular.Hoy me doy cuenta de que ella no tiene cuerpo de entrenar natación, y mucho menos él de entrenador. Y además, los entrenadores nunca están en el agua con los entrenados, indican desde afuera, vestidos, o casi.Los escucho hablar del almuerzo, de dónde se van a encontrar en breve. Una segunda cita, después de que cada uno pase por el vestuario correspondiente. Me pregunto en qué clase de relación hace falta esta previa, acuática, pública, en donde no se tocan pero no se callan y no dejan tampoco de moverse. Ella da algunos saltitos cada tanto, estira. Él alisa con la mano la superficie del agua que le llega a la cintura, con insistencia, como quien estira una sábana tendida, un mantel. Me pregunto qué pensarán en esa ducha solitaria ahora, como intermedio de la cita. Me pregunto también si serán muy diferentes vestidos con ropa de calle, A veces es difícil reconocer a la gente que uno conoce en malla.Me pregunto, sobre todo, cómo se conocieron y cuál es este ritual de amantes en la pileta.Porque no es exactamente tensión sexual, no es que en cuanto no haya gente alrededor no van a poder sacarse las manos de encima por horas. Son amantes así, ahora, frente a todos. Son amantes, se nota, porque no les importan nada los nadadores que llegan y vuelven a salir nadando a su lado, que tienen que esquivarlos para tocar el borde de la pileta y dar la vuelta. Son amantes porque no hay resto del mundo que les importe, no existe nada más allá de esa conversación que tienen, y que probablemente recuerden, pasado el tiempo, en otro lado, sin referencia a este paisaje extraño que los constituye como tales. Un día ella se va a acordar, casi como el recuerdo de un sueño, “una vez tuve un amante en el centro”, y él le va a contar, en una trasnoche, a alguna amiga, “una vez tuve una amante delgada, de rulos, que no paraba de sonreir”.  

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Lluvia de primavera

Salgo del subte y
llueve
pero
no hace frío.
Está hermosa la lluvia.
Es más llovizna que lluvia
y es
tal vez
más bruma que llovizna.
Camino varias cuadras
y el agua
suave
se te acerca a la piel.
No cae
solo se acerca.
Como una caricia
tímida
pero
amorosa
de todo el universo.

martes, 26 de febrero de 2013

Confianza

(Nadie sabe
cómo empezó,
pero de repente
estás ahí
sobrevolando la nada
y hay que saltar
y esperás
ver
  un colchón,
  tierra firme,
  un portaviones,
  una isla,
  un barquito,
  un tronco al menos
  flotando a la deriva
  pero nada.

Hay nada para donde mires
y nada más.

Y en eso
como un flash de información
   -algo que tus tripas ya sospechaban-
sabés
que tenés que saltar igual
que siempre hay algo,
   -la nada, en todo caso, es aire y agua tal vez y todo eso-
una pelusa
que se junta con otra pelusa
y un pastito que no habías visto desde lo alto
y una piedrita
se van acercando
se vuelven piso
puerta
red
a tu medida
   -a la medida de tu salto-
para que puedas llegar
tranquilo.)



Será
que
  hay
    que
        saltar
                al vacío
sin pensar
demasiado


y el mundo
mientras tanto
             abajo
             se configura para recibirnos.

lunes, 22 de octubre de 2012

Niña pájaro

Aunque me quede
completamente 
inmóvil, 
aunque me crezcan
hojas en la cabeza
y los brazos 
se me conviertan en ramas,
¿cómo sabe el pájaro
de mi deseo
de ser árbol 
para su nido, 
si tan niña
vuelvo a ser
cada mañana?

Si tan niña soy

sin raíces,
niña semilla
que se lleva el viento.

Deseo de niña pájaro:
ser árbol por un rato.

Deseo de niña de alas:
encontrar un abrazo
en donde hacer nido.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Lo que es

Me decís:
“Todo es demasiado frágil”.
Y yo pienso, sin embargo,
que todo me parece
demasiado sólido últimamente,
lleno de aristas,
de peso, de materia
imposible de atravesar.
    Hasta el aire.
    Ir de una esquina a otra
    del cuarto.
    Es como nadar
    en una masa
    pegajosa y espesa.
        Hasta el tiempo.
        Se vuelven falsas
        todas sus metáforas líquidas:
        que se desliza, se derrama.
        Pero no.
        Hasta el tiempo me parece
        demasiado contundente.
Hasta las cosas que no son
hacen sombra,
ocupan un lugar.

Lo que no es
tapa la vista
de lo que podría ser.

viernes, 3 de agosto de 2012

Paraguas

La escalera mecánica
de salida
del subte a la calle
llena de gente.
Llueve.

Desde abajo veo
a partir de la mitad de la escalera,
cuando se acaba el techo,
la gente va abriendo los paraguas,
con ritmo.

Paraguas de distintos colores y tamaños que se abren
y van subiendo.
Yo también abro mi paraguas a esa altura
y me vuelvo parte de la danza.

lunes, 16 de julio de 2012

...

Pensaba en cosas frágiles
mientras lavaba
unas cacerolas y fuentes
de acero.

Cuando hice una pila
en la mesada
para dejarlas secar,
tambalearon.

Y entreverada
en mis pensamientos
pegué un salto
para atajarlas
como si fueran a romperse
como si fueran frágiles

como burbujas

como cristales

como este sentimiento

volátil

y sin nombre. 

domingo, 10 de junio de 2012

Ciencia de domingo

Está comprobado científicamente:
el sillón
ejerce una fuerza de atracción
hacia mí.
Incluso cuando estoy
en el punto más alejado
de mi órbita
-sentada en la oficina, por ejemplo-
siento esa fuerza que me atrae
y suspiro:
ay, si estuviera en mi sillón.

Está claro
que es culpa del sillón
que quiera quedarme en casa
todo lo posible.
Si el sillón no estuviera
ejerciendo su fuerza atractiva
quizás visitaría más amigos,
pasaría las tardes en la plaza,
los fines de semana en el campo,
alguna temporada en el extranjero...
Eso, si no estuviera este sillón en casa
seguro viviría viajando
con unas pocas cosas en una valija
y chau,
me tomo un barco,
me tomo un avión,
o un cohete espacial y me voy a la Luna,
o a visitar Neptuno por unos días,
ese planeta lejano donde no hay sillones
porque se vuelan.
Está comprobado científicamente.

lunes, 21 de mayo de 2012

Lluvia de balcón

Pasa el viernes
y el sábado
y pienso:
“Debería regar”
pero ni salgo al balcón.

Para la noche del domingo
se larga a llover.
Pero no entra la lluvia
al balcón,
por cuestiones de arquitectura
y viento,
supongo.

Enseguida lleno la regadera
y me pongo a regar.

Es que imagino que las plantas
escuchan la lluvia ahí nomás
y les da ganas de agua.

domingo, 29 de abril de 2012

Sueño salvaje

Olía cada cosa
sin pudor
y quería probarlo
todo.
Algunas personas
se acercaban
y me apretaban los cachetes,
me revolvían la cabeza,
sonreían ferozmente
y decían cosas rarísimas
en un tono
un tanto agudo.
Anoche soñé que era perro.
O niñito.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Trasnoche

Desde mi ventana
veo
solo otra ventana
con la luz encendida
que se recorta
en la oscuridad
falsa
de la ciudad.
Luna rectangular.

¿Seré yo
la mujer en la luna
para alguien
también
de trasnoche?

sábado, 1 de enero de 2011

Nochevieja

Nochevieja.
Con mi papá y mi abuela
vemos fotos de Combarro
en internet.
Combarro es donde nació y creció mi abuela.
Y nunca volvió desde los veintidós
más o menos.
Pero ahora hay fotos
de otra gente
que viaja o anda por ahí
y las comparte.

Mi abuela mira y mira
tratando de reconocer.
Dice con seguridad:
"eso no es, no hay escaleras".
Y sabemos los tres
que en setenta y cuatro años
quizás
alguien puso escaleras.
Pero no decimos nada.

Unas fotos de la iglesia de San Roque:
"Ahí, ahí", dice. "Esa de al lado es la casa de mi madre
donde vivíamos.
Si me habré pasado tardes sentada
en esos bancos de piedra."
Papá y yo evitamos mirarnos,
-aunque de reojo veo que él la mira,
fugaz-
y miramos fijo la pantalla
a través del tiempo.

La magia del recuerdo:
hay fotos del interior de la iglesia.
"Esa es la virgen de los dolores.
Tiene mi pelo."
"¿Cómo tu pelo?"
"Sí. Peregrina hizo la ropa
y le puso mi pelo en la cabeza."

La magia de la lengua:
Mi papá bromea y pregunta
sin parar
"¿Quién vivía en esa casa?
¿De quién era ese balcón?
¿Conocés esa placita?
¿De quién es ese perro?"
Mi abuela sonríe y responde natural:
"De su dueño".

Pienso que me gustaría ir a Combarro
a la iglesia de San Roque
a ver el pelo de mi abuela
cuando era chica.
Decido creer que nunca lo cambiaron,
como esa foto de las escaleras.

domingo, 19 de septiembre de 2010

De trasnoche

En la trasnoche
solo se escucha
la música que hacen
nuestros propios
ligeros
livianos
sonidos
en medio de la ciudad silenciosa,
el torpe ritmo de las teclas,
o el lápiz sobre el papel,
o la taza cuando se apoya en la mesita,
o las hojas que se pasan con una caricia,
salvo por alguna sirena
o un perro que ladra a lo lejos,
por supuesto.

Lo más importante
para trasnochar
-para atravesar a nado lo profundo de la noche-
-para transitar por la cornisa oscura del día-
es mantener los ojos bien abiertos
bien abiertos
y no dejarse engañar por penumbras
o por las cosas que se esconden en los rincones
durante la madrugada.

sábado, 10 de octubre de 2009

Paisaje de agua

Nadar por el fondo de una enorme, gigantesca pileta de/en sueños.
Nadar con mucha calma.
Ver lo que hay en lo profundo.
Pasear por debajo del agua.
No como si uno no tuviera que salir a respirar,
si no como si uno tuviera los pulmones limpios y entrenados de un joven y puede volver a la superficie
sin apuro
cuando necesita aire.

¿Y qué hay en el fondo de esa pileta de/en sueño?
Restos de otros sueños.

lunes, 19 de marzo de 2007

Ejercicio

Había estado de viaje unos días en la Vía Láctea, más exactamente en el planeta Tierra. Mi tatarabuela, que habita a dos clones de mi vivienda, había quedado encargada de mantener en orden mi colección de plantas exóticas. Ya sé que existen los regadores automáticos perfectamente programables, pero mis plantas son muy delicadas y prefiero la alimentación manual.
Cuando regresé, ella me recibió con un:
-¿No notás nada raro? -Miré para todos lados, pero los muebles flotantes se encontraban en el sitio habitual y las pantallas de información conectadas y funcionando correctamente, sólo mi equipaje aún estaba siendo procesado en el medio de la habitación.
-¡Mis antenas! -dijo riéndose. Y era cierto, en lugar de tener las cinco antenas brillando rosadas como siempre, lucían de un apagado color azul.
-Fue tu cuasitataratío, él dice que usó las baterías habituales, pero para mí que se equivocó.
Nos reímos un rato, y mientras bebíamos una infusión rejuvenecedora le conté lo que había visto en el viejo planeta y le mostré algunos recuerdos que me había traído. Entre otras cosas, un sombrero. Parece que es un artefacto que se ponían los antiguos terráqueos en la cabeza para abrigarse y protegerse.
Cuando salí un momento y volví, ella estaba con esa cosa puesta, riéndose otra vez.
-Así tendría que recibir a tu cuasitataratío, para que se dé cuenta de lo que me hizo.
La invité a que se lo llevara y lo hiciera, pero me contestó:
-¡Cómo voy a salir con esto, van a pensar que soy una loca anticuada!