jueves, 12 de enero de 2012

Así las cosas


Pienso:
el día que no te quiera más
no voy a tener corazón
para decírtelo.
Pienso después:
si me importa tanto
lo que diga mi corazón
en ese momento
es que no voy a tener
nada que decirte
en realidad
sobre dejar de quererte
y más bien
todo lo contrario.

lunes, 9 de enero de 2012

Tormenta de verano


Sol de verano.
Esos días en que parece que no hay nada más que sol.
Calorón,
ni una nube.
Todo es reflejo derretido.
Aire espeso.
Tremendo día
ahí afuera.
Tremenda tormenta
en mí, mientras tanto,
como si nada.

jueves, 29 de diciembre de 2011

(Des) balance de último minuto


Descubro
que me volví
una troglodita de almendras.
Duermo la siesta
a deshoras.
Cruzo la calle
por la mitad de la cuadra,
en inútil desobediencia.
Vuelvo de la peluquería
agarro la tijera
y corto
más de un lado que del otro
sin mucha atención
ni sentido de la estética.
(Qué difícil que es
cortarse el pelo
en espejo.
Tan fácil que parecía
hace un rato
hecho por profesionales.)
Creo que va a llover
y salgo sin paraguas.
Odio con fervor
las bocinas de los autos
(y a los que las tocan).
Quiero sentarme
un rato a leer
y se quema la lamparita
(de esas que no se queman nunca
supuestamente)
y se me nubla la vista
y mi mente vaga
y pienso demasiado
en que no,
que no es el calendario
el que acomoda
ni desacomoda
las cosas.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Silencio

Ni siquiera
son las respuestas.
Las que me faltan
son las palabras
para formular
las preguntas.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Trasnoche

Desde mi ventana
veo
solo otra ventana
con la luz encendida
que se recorta
en la oscuridad
falsa
de la ciudad.
Luna rectangular.

¿Seré yo
la mujer en la luna
para alguien
también
de trasnoche?

martes, 27 de septiembre de 2011

Ordenar


Ordenar.
El placard la biblioteca los papeles los lápices de colores los sentimientos los aritos las hebillas las emociones los juguetes las macetas los muebles la cabeza la vajilla.
Ordenar afuera para ordenar adentro.
Ordenar hasta el borde de la locura el borde de la cordura.
Ordenar hasta el hartazgo hasta la madrugada hasta el desorden.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Dos imágenes

Hace casi dos meses murió mi abuela.
Unos días después de su cumpleaños volvió a empeorar y ya no se recuperó.
No pude escribir antes sobre esto y sigo sin encontrar demasiado qué decir, pero hoy la extraño especialmente, así que no quería dejar pasar la ocasión de hablar de ella una vez más.
Yo sé que es el orden de la vida, y que vivió largo y muy bien y alegre, pero -egoístamente, tal vez- me pone triste igual y siento un agujero enorme. También, claro, me pone contenta haberla conocido así, haber compartido un tercio de su vida, haberme divertido tanto con ella.
Fue mi abuela de grande. Cuando yo era chica, ella trabajaba, y con mi hermano pasábamos mucho más tiempo con mi abuela materna, que falleció hace ya ¿veinte años? Algo así. Mucho. Y nunca conocí a mis abuelos. Entonces esta era mi abuela de grande. Con la ventaja extra en los últimos años de ser vecina, además.
No tengo más que recuerdos felices y sin embargo hoy me cuesta encontrar palabras alegres.
Entonces, me quedo con dos imágenes. Sus manos trabajando en mi balcón y su sonrisa un 17 de agosto de hace unos años.




     

domingo, 19 de junio de 2011

Versos de autosuperación

Pienso
en la vida que querés
y en la vida que llevás
y cómo
el conjunto de intersección
está más bien gordito
y qué bueno.
Pero igual parece
que es útil y saludable
que sigan siendo dos conjuntos.

Me hablo a mí misma
en segunda persona.
Eso está en el conjunto de la vida que llevo
nomás.

miércoles, 8 de junio de 2011

Los bancos de piedra

Hoy mi abuela cumple 97 años.
Hace unos meses tuvo un acv que, lamentablemente, le hizo perder la movilidad del lado izquierdo del cuerpo y buena parte del habla, entre otras cosas. Está viviendo ahora en una residencia geriátrica, pues necesita atención constante.
Podría seguir acá enumerando las cosas que mi abuelita ya no puede hacer. Pero sé que no es como le gusta pensar las cosas.
Me llegó hace un rato un link con un video que un amigo virtual de este blog le hace de regalo de cumpleaños. Está inspirado en el poema de nochevieja y muestra los bancos de piedra de Combarro. Un pueblo lleno de bancos para que los vecinos se sienten a descansar, a conversar, a leer o a pasar el rato me hace pensar en un lugar delicioso.
Mi abuela pasa el día sentada ahora. Tal vez imagina la brisa marina y los sonidos del pueblo, como si estuviera en un banco de piedra de Combarro. Tal vez no. Pero elijo pensar hoy en lo que sí puede hacer.

Gracias a O pé da porta por el hermoso regalo.

sábado, 1 de enero de 2011

Nochevieja

Nochevieja.
Con mi papá y mi abuela
vemos fotos de Combarro
en internet.
Combarro es donde nació y creció mi abuela.
Y nunca volvió desde los veintidós
más o menos.
Pero ahora hay fotos
de otra gente
que viaja o anda por ahí
y las comparte.

Mi abuela mira y mira
tratando de reconocer.
Dice con seguridad:
"eso no es, no hay escaleras".
Y sabemos los tres
que en setenta y cuatro años
quizás
alguien puso escaleras.
Pero no decimos nada.

Unas fotos de la iglesia de San Roque:
"Ahí, ahí", dice. "Esa de al lado es la casa de mi madre
donde vivíamos.
Si me habré pasado tardes sentada
en esos bancos de piedra."
Papá y yo evitamos mirarnos,
-aunque de reojo veo que él la mira,
fugaz-
y miramos fijo la pantalla
a través del tiempo.

La magia del recuerdo:
hay fotos del interior de la iglesia.
"Esa es la virgen de los dolores.
Tiene mi pelo."
"¿Cómo tu pelo?"
"Sí. Peregrina hizo la ropa
y le puso mi pelo en la cabeza."

La magia de la lengua:
Mi papá bromea y pregunta
sin parar
"¿Quién vivía en esa casa?
¿De quién era ese balcón?
¿Conocés esa placita?
¿De quién es ese perro?"
Mi abuela sonríe y responde natural:
"De su dueño".

Pienso que me gustaría ir a Combarro
a la iglesia de San Roque
a ver el pelo de mi abuela
cuando era chica.
Decido creer que nunca lo cambiaron,
como esa foto de las escaleras.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Cosas que traen las olas

Las cosas que traen
las olas de los sueños
a la playa
de la madrugada:
miedos olvidados,
cascaritas de deseos,
palabras gastadas por el agua y la arena
y el tiempo,
caracoles,
plumas de versos
que ya volaron.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Sembrar

Sueño que me estoy probando ropa en la parte de atrás de un local y la dueña es una parienta lejana que acabo de conocer y me dice que elija que ella me lo regala. Y después llega otro pariente nuevo que también vive por ahí, que ya acostó a los nietos y por las dudas trae el cocodrilo. Entonces están mi tío Raúl y mi abuela Laura y se saludan efusivamente. Ellos sí se conocían de antes. Incluso acarician al cocodrilo, pero yo no porque escucho que hace tic y que hace tac y lo conozco de un cuento. Ellos charlan y yo miro para afuera porque es como un garage y afuera se ve oscurísima la noche y se ve un poco el barrio que yo sé que es igual a Villa Adelina de cuando era chica. Solo que acá hay un río enorme que pasa por ahí por la puerta -y lo escucho- y esa especie de puente que hace el agua más allá, desafiando la ley de gravedad (más sueños con tremenda cantidad de agua, podrá ser?). Hace un rato, en el sueño, papá se fue nadando para su casa, y yo le insistía que no, porque me daba miedo que se metiera en el agua oscura pero no le dije que no porque me daba miedo y se fue igual, y ahora estoy tranquila porque ya debe haber llegado bien. Tenía que cruzar ese puente de agua y yo me quedé mirando y con la luz del farol se veían unos peces gigantes pasar y entonces me daba la sensación de que si los peces pasaban, papá también. Me pruebo unas remeras mientras mi tío y mi abuela charlan con esta gente y acarician al cocodrilo, y de pronto, de la nada (out of the blue) me despierto pensando en mi abuela de cuando era chica, mi abuela Zulema, que hace muchos años que ya no vive (mi abuela Laura antes trabajaba y no estaba tanto con nosotros, ella es mi abuela de grande). Decía, son las cinco y media apenas pasadas y me despierto pensando en mi abuela Zulema con una sensación extraña de extrañarla, de querer contarle que me estoy por ir de viaje a un lugar que seguro seguro no se parece a Villa Adelina, ni de antes ni de ahora. Salvo porque hay alemanes, pienso (y me doy cuenta que el resto diurno de este sueño es que mi viejo me habló ayer de la cantidad de vecinos de toda la vida que son alemanes). Lo que me viene a la cabeza de la abuela Zulema es que en su casa leíamos cuentos del Chiribitil y también me acuerdo perfecto que ella me regaló uno de los primeros libros de los que tengo memoria. Yo estaba enferma (nada grave, gripe o anginas, supongo) y era un poco una fiesta porque nos curaban a base de atenciones y mimos y tocaba pasar el día en la cama grande. Entonces ella llegó con Marizul sueña que sueña que sueña, de Bernardino Rivadavia. No es que yo me hubiera fijado en el autor en ese momento, pero me acuerdo perfecto que le contó a mi mamá que viniendo para casa fue a la librería para comprarme un regalo y el librero le ofrecía uno de Rivadavia y ella dijo: "¿Cómo le voy a regalar un libro de historia a una nena chiquita?" (o quizás dijo la edad, que yo ahora no recuerdo) y el librero le mostró este le contó que era un descendiente de Rivadavia y ella entendió que sí era para chicos y no de historia y me lo trajo.
¿Por qué me acordaré de esa escena que quizás ni siquiera es real? Es que las veo ahí al lado de la cama, a mi mamá y a mi abuela, teniendo esta conversación mientras me daban el libro para hacerme compañía. Supongo que esa mañana alguna de las dos me lo habrá leído, pero eso ya no lo puedo asegurar. Sí sé que el libro me encantó y lo leí miles de veces desde entonces y hoy es un tesoro en mi biblioteca.
De la nada, entonces, decía, me despierto pensando que quién hubiera sabido en aquel entonces que quizás ahí se sembraban los primeros pasos para este camino de libros, sin ninguna intención más que pasar un buen rato, y ahora me dedico a lo que me dedico y por eso llego a este punto a punto de irme a este viaje.
Nunca lo había pensado así antes, pero me dieron ganas de contarle todo esto a mi abuela Zulema, que a veces, muy cada tanto, me visita en sueños, pero hace mucho que no, y ahora, esta madrugada me acordé de ella y de su hermoso regalo que no era para nada un libro aburrido y que tenía unas ilustraciones que me encantaban y con el que empecé un camino que mirá hasta dónde me lleva.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Cosas de abuela

Mi tío estaba nosédónde, así que la abuela estaba sola cuando llegué a desayunar esta mañana. Como siempre, me esperaba con el té y las tostadas con queso crema y dulce. El dulce en general es el que preparó ella, y se repite todos los días hasta que se acaba el frasco y prepara otro de otra cosa. Sin embargo, hoy no era el que venía sirviéndome los últimos días y yo sabía que todavía quedaba del de pera y noséqué, porque en general comentamos cuando se está por terminar y toca hacer uno nuevo. El de hoy era de damasco, que es uno de mis favoritos. Muerdo el primer bocado y digo "qué rico". Ella me dice:
—Es que el tío lo esconde porque lo usa para hacer salsas. Pero yo sé que te gusta, así que como hoy él no está, lo busqué para vos —y sonríe con toda la cara.

domingo, 19 de septiembre de 2010

De trasnoche

En la trasnoche
solo se escucha
la música que hacen
nuestros propios
ligeros
livianos
sonidos
en medio de la ciudad silenciosa,
el torpe ritmo de las teclas,
o el lápiz sobre el papel,
o la taza cuando se apoya en la mesita,
o las hojas que se pasan con una caricia,
salvo por alguna sirena
o un perro que ladra a lo lejos,
por supuesto.

Lo más importante
para trasnochar
-para atravesar a nado lo profundo de la noche-
-para transitar por la cornisa oscura del día-
es mantener los ojos bien abiertos
bien abiertos
y no dejarse engañar por penumbras
o por las cosas que se esconden en los rincones
durante la madrugada.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Nieve en el subte

Trayecto Juramento-Catedral. Leí desde la página 103 a la 126 de La última noche en Twisted River, de John Irving. Nunca hasta ahora había sentido tanta tensión. Si me preguntan, yo creo que no estuve en el subte, que estuve en esa noche, en medio de la nieve, con sabor a sangre en la boca y atenta a los pasos de Dominic, al miedo de Danny, al ruido del viento que hace golpear la puerta de la entrada de la cocina...

lunes, 30 de agosto de 2010

Speaking in tongues

Le cuento algo a mi abuela, creo que de la facultad, no importa. Le hablo en voz alta y modulo lento. Tranquila. Mi abuela me contesta. Mi tío se mete:
—Con razón a vos te escucha, si le gritás.
—No le grito, le hablo para que me entienda. El problema es que vos no te querés hacer entender —digo, aplicando un concepto básico de pnl sin darme cuenta.
Mi abuela sonríe. Es posible que no haya entendido todo esto, o sí. Pero me sigue hablando de la facultad. Hasta que de pronto cambia de tema y dice:
—Él me habla todo bajito, apretado y medio en inglés, ¿cómo quiere que le entienda?
Nos reímos.
—¿En inglés? —pregunto. Ni mi tío ni mi abuela hablan inglés. Aunque sí cada vez más entre ellos hablan en gallego, que mi abuela rememora y mi tío estudió de grande.
Mi abuela contesta:
—Es que habla mal inglés... ¡si por lo menos lo hablara bien!
Y se tienta de risa.

viernes, 13 de agosto de 2010

Atención

Mi tío despotrica con que mi abuela se pierde un poco, que no escucha, que se olvida las cosas... Mientras tanto, mi abuela me prepara las tostadas con queso y mi dulce favorito: de tomate, hecho por ella.
Mi tío sigue despotricando y mi abuela no lo escucha, o hace como que no lo escucha, y hace un gesto con el brazo que bien puede ser "qué sabrás vos" o "por qué hay moscas dentro de casa".
Me como mis tostadas, me tomo mi té con leche.
Entonces mi abuela dice:
—Te traigo el pan dulce.
Esto no es una confusión. A mi abuela le encanta el pan dulce. Y entonces tiene provisión todo el año, porque siempre le llevamos, o alguien le regala, o se guarda en el freezer de la "temporada oficial de pan dulce".
—Abue, no quiero pan dulce, gracias. Ya me comí las tostadas.
—Vos me dijiste que querías.
Con mi tío nos miramos, yo por primera vez ligeramente preocupada y pensando que quizás mi tío no es tan exagerado esta vuelta.
—Yo no dije que quería pan dulce. Me comí mis tostadas.
Mi abuela sonríe.
—Sí. Vos me dijiste. ¿No me dijiste que no me lo comiera todo, que te guardara para el jueves? Yo te guardé.
Es jueves. El martes y el miércoles no había ido a desayunar. El lunes sí. El lunes mi abuela, mientras yo comía las tostadas, abrió un pan dulce y empezó a comer, y comió un montón. Es cierto que yo al salir le dije que no se lo terminara y me guardara para el jueves, que volvía.
Entonces mi tío despotrica con más énfasis:
—¿Ves? A vos sí te escucha cualquier pavada que decís. Es conmigo el problema entonces. Mirá cómo se acuerda de eso...
Y así, hasta que me voy al rato. Con un pedacito de pan dulce para el camino, porque, claro, no se le puede decir que no a la abuela. Cuando tiene razón, tiene razón.

martes, 8 de junio de 2010

Festejo (o no deje para mañana lo que puede divertirse hoy)

En febrero, antes de que me fuera para un congreso de literatura infantil en Santiago mi abuela me dijo al saludarme: "Divertite mientras puedas".
Entonces pensé que era un consejo extraño. Pero luego, el congreso terminó en terremoto, el terremoto en la incertidumbre de cómo volver a casa, la alegría de estar bien, la desesperación de pensar que muchos otros estaban muy mal o ya no estaban, el desconcierto de la tierra firme que deja de serlo, en sentido real y metafórico... y las palabras de mi abuela cobraron sentido: "Divertite mientras puedas".
No necesité mucha más explicación, enseguida entendí que el "mientras puedas" dependía de mí también, de cómo encarar las cosas, de como pasarlo mientras tanto.
Y resulta -encima- que en esta vida "mientras tanto" es "siempre".
Hoy mi abue cumple 96. Y si hay alguien que sabe divertirse es ella.
Para variar, tiene razón.