sábado, 29 de agosto de 2009

Primavera en la biblioteca

Este veranito que tenemos por estos días adelanta el clima primaveral que se viene pronto.
Y como no soy nada original, para la primavera les propongo compartir los amores de la biblioteca. ¿Quiénes fueron esos personajes que nos atraparon tanto que deseamos que hubieran existido, y que además, fueran nuestros amigos, nuestros amores? Personas de papel, personajes que adoramos y que aborrecemos por no existir. Autores a los que estaremos eternamente agradecidos por habernos presentado -prestado- aunque sea por un rato, esos mundos, esa gente de su imaginación.

Mi primer gran amor fue Andrés Domenech, personaje de El niño envuelto, de Elsa Bornemann. Ah, cómo me gustaba ese chico. Reconozco además que ese libro fue mi primer apasionamiento como lectora independiente. Lo leí y lo releí hasta el cansancio. Y no es que ahora me acuerde mucho. De hecho, casi no me atrevo a abrirlo para no romper el hechizo de aquel entonces.

Después, por supuesto, siguieron varios más apasionamientos con libros, autores y personajes. Por suerte.

Esta lista la encabeza Benjamin Malaussène, el personaje de Daniel Pennac, que apareció por primera vez en La felicidad de los ogros, y por suerte, luego en toda una saga de novelas con su familia. El texto está escrito en primera persona, y por eso no logro encontrar una descripción, una frase, un porqué de este cariño imposible. Es que todas sus historias, desde la primera palabra hasta la última, hacen de Benjamin un ser adorable.
Me parece que la primavera es una buena excusa para releer a Pennac.

¿Qué otros amores de biblioteca para confesar?

6 comentarios:

Felindarea dijo...

Bueno, para variar no podré ir otra vez al mitin, se viene el cumple de zoe y estoy a mil por hora con todo así que otra vez ausente. UFA.
Mi primer gran amor fue el bombero de Dailan Kifki, pero al final se casaba con la chica así que, aunque seguí enamorada de él en secreto, tuve que aprender (y esa fue la primera vez también) que hay amores no correspondidos.
Mi segundo gran amor fue Holden Caufield, del libro The Catcher in the Rye, yo ya estaba más grandecita y sus andanzas me cautivaron.
Tuve un corto affair con Cósimo, del Barón Rampante, pero nunca acudió a la cita y por más que lo busqué entre diferentes árboles, nunca apareció; me dijeron por ahí que lo vieron en el roble viejo de la plaza de la vuelta,¡comiendo caracoles! la verdad, nunca se lo perdoné y no volví a hablarle.

çläu dijo...

Es el señor de la madera, el agua y las colinas.
-¿Entonces estas tierras extrañas le pertenecen?
- De ningún modo dijo ella, y la sonrisa se le apagó- Eso sería en verdad una carga -susurró-. Los árboles y las hierbas y todas las cosas que crecen o viven en la región no tienen otro dueño que ellas mismas. Tom Bombadil es el señor.


Ahhh... me lo imagino gigante y con hojas otoñales entre los cabellos. Agradezco que no lo hayan incluído en las películas de "El señor de los anillos" y me dejen seguir imaginándolo. Gracias Tolkien!

flor dijo...

¿Será una cuestión de generación? Digo esto porque El niño envuelto también fue mi primer libro como lectora independiente. No sé si me enamoré de Andrés Domenech. Pero sí, era un nene maravilloso.

Y clau, todo bien con Tom Bomdadil que es un personaje entrañable pero...vamos....¡Aragorn!

(jejeje)

çläu dijo...

Bueno...si voy a confesar... MI CORAZÓN (en la fantasía OBVIO)ES DE EDUARD CULLEN y como soy buena lo puedo compartir. (jejeje)

Inés Jankowski dijo...

mi primer amor de biblioteca fue Teobaldo duque de Limoges congelado en un lago de ázoe líquido en el fondo de una gruta y rescatado en el siglo XX por una banda de chicos intrépidos. La novela se llama "el que venía de lejos" y tenía unas ilustraciones en blanco y negro donde Teobaldo aparecía siempre noble y huraño, con una melena corta, negra. Teobaldo tardaba lo suyo en reconocer que había dormido ochocientos años, pero luego se unía a las aventuras de los intrépidos chicos franceses y en otra novela todos viajaban a Marte.

Inés Jankowski dijo...

Yo también agradecí que Tom Bombadil no apareciera en la saga, aunque siempre me lo imaginé como una especie de enano un poco alto... y me decepcioné tremendamente de Aragorn. Para mí tenía que tener mucha pinta, pero una pinta tosca y difícil, como un indio toba altísimo y con el pelo chuzo en la cara, algo así. Y me salieron con este muchachito bonito... qué pena.