domingo, 13 de octubre de 2013

diario. I. domingo

Me gustaría saber hacer algo bien. Pero bien posta. Como esos gimnastas que dan vueltas en el aire y caen con precisión, y que se nota que es la precisión justa, que por un poquito hubieran fallado, pero no. Con el tiempo, ¿serán los años? me doy cuenta de que esa sensación de que todos los demás saben hacer algo y yo no es mentira, que o nadie sabe hacer nada en realidad, o nadie cree que sabe hacer nada o yo también sé hacer cosas y no me lo creo. Digo, que no estoy en condiciones diferentes con respecto a saber hacer cosas. No sé hacer un pastel de papas, pero se me ocurre que si me pusiera a hacerlo, puedo. Algo así. Lo que a mí me gusta es la precisión del que hizo cientos de pasteles de papas y entonces conoce de antemano de qué tamaño es la pizca de sal que tiene que agregar. Y pienso que la pizca de sal es infalible, que siempre el otro -los demás- saben cómo es esa pizca menos yo.
Pero una parte mía sabe que no es cierto eso: que cualquiera, por más experto cocinero que sea, se puede equivocar con la sal. Y que yo, para saberlo, debería empezar por un pastel de papas. Pero no hago ni uno. Es raro cómo funciona la cabeza, cómo funciona todo, supongo.
Pero tal vez, es solo culpa de esta tarde de domingo que me encuentra un poco sonsa.
Me suena en la cabeza una cita que explica un poco esto, de mi amigo Eduardo, de una novela sin publicar aún:

"Era curioso cómo las cosas deshechas se parecían a las cosas en plan de hacerse; debía buscar a algún físico preocupado por la flecha del tiempo para decírselo." (EAG)

Me parece una cita tan apropiada para un domingo.